Fuera del coche los lamentos
desesperados de los moribundos. Dentro, las risas y gritos histéricos de sus
compañeros… Pero Kostandin no oía nada, ni tampoco veía nada más allá de sus
manos ensangrentadas. El viejo Dacia se alejaba con un ruido ensordecedor de la
granja donde aquellos pobres desgraciados habían creído encontrar refugio, pero
Kostandin sabía que algo de él se había quedado allí para siempre…
Mareado, sintió arcadas y tuvo el
tiempo justo de abrir la ventanilla antes de vomitar. Oyó como sus compañeros
se reían de él, pero no le dio la más mínima importancia… Después de lo que
había pasado en la granja, lo que le hicieran o dejaran de hacer esos monstruos
le traía sin cuidado…
Entre sus pies, el premio a la
barbarie: seis latas de conserva oxidadas con dios sabe qué en su interior. El
precio, dos niñas y dos ancianos muertos a golpes… y el último vestigio de
humanidad de Kostandin. Velkan estaría contento…
Un año, tres meses y doce días
hacía que Kostandin se unió al grupo de Velkan y los suyos y aún hoy, tanto
tiempo después, se preguntaba a sí mismo que le impulsó a ello. En cualquier
caso, ya no había marcha atrás, y más después de lo ocurrido en la granja…
Cerró los ojos y por un instante
se vio de nuevo ante el aterrorizado anciano, cubierto de sangre mientras
golpeaba una y otra vez su arrugada cara con aquella lata que se había negado a
darle. ¿Por qué no se la dio? todo habría sido tan diferente… Pero no, el viejo
estúpido no soltó la lata. Le suplicó, se abrazó a sus rodillas llorando, pero
sin soltar la lata. Heiner y Raluca se reían de él mientras sujetaban a las
niñas y Nikolai no paraba de golpear su hombro mientras le insultaba en ruso…
Lo siguiente que recordaba Kostandin era tener la lata en su ensangrentada mano
y el caos desatarse a su alrededor…
Kostandin abrió los ojos y limpió
con el dorso de su ensangrentada mano los restos de vómito del cristal de la
ventanilla. La volvió a subir y se quedó mirando fijamente a través de ella,
viendo como el sol se ponía rojizo en el
horizonte. Y entonces al fin lo entendió todo. Ese día, con cinco años de
retraso, la muerte se había cobrado su deuda con Kostandin. Ese día, el hombre
que una vez fue murió, se marchó para siempre, tal vez para reunirse de nuevo
con Anna y Annika. Ese día, un año, tres meses y doce días después, Kostandin al
fin se convirtió en un hombre de Velkan…